sábado, 3 de enero de 2009

CONOCERSE ES EL RELÁMPAGO

El día daba marcha atrás volviendo sobre sus pasos para  dar lugar a la noche que subrepticiamente se colaba por el horizonte, y ella quiso interponérsele para detenerlo y perpetuar ese mágico encuentro.

 El destino había ido guiando sus pasos para que se cruzaran en el preciso momento en que más se necesitaban, y ellos fueron tomando las decisiones correctas para que el milagro sucediera.

Ni las más alucinantes fantasías que había tejido en su imaginación se comparaban con lo que vivía a su lado. Algunas cosas fueron como las imaginaba: esa primer mirada de amor en la que él penetro en sus ojos hasta lo más profundo de su ser.

 Y ese primer beso… la dulzura y la emoción de ese primer beso que le había calado tan hondo que la había dejado sin palabras, (cosa rara en ella que siempre había sido tan verborrágica) todo  su mundo quedó patas arriba, y no existió otra cosa que él y su dulce voz, y la hizo vibrar como la cuerda de un violín, desató en su interior una tormenta de emociones desconocidas hasta ese momento.

Y su mirada, esa mirada que tenia sobre ella un efecto mágico, porque cuando él la miraba todo el resto del mundo desaparecía para ella, la gente, las calles, no existía nada más que él y ese profundo deseo de ser suya… de estar en sus brazos y no separarse jamás…

Esto no tardó en suceder y a pesar de su pudor ella no dudó en someterse al imperio de ese nuevo sol que alumbraba su vida. El contacto con su piel fue único fantástico, y despertó en ella un personalidad oculta que se rebelaba a su anterior existencia y se revelaba ante él con total plenitud.

Y bebió desaforadamente de los mares de la pasión y se aventuró a probar cosas que jamás se hubiera creído capaz de hacer. ¡Todo era tan maravilloso, tan pleno, sin barreras, sin represiones, auténtico, tan increíblemente hermoso!

En ese pequeño mundo que se habían creado entre esas cuatro paredes en el que las reglas no existían, sólo era darse el uno al otro, sin reservas, sin mezquindades…

Allí sólo se respiraba amor, de ese que libera totalmente nuestro ser interior, que lo abre a nuevos mundos, que hace surgir lo más hondo de los sentimientos y las más fuertes de las sensaciones. Ese era su mundo real, y no el de afuera con los problemas, las preocupaciones y las rabias cotidianas.

Fueron horas tan intensas, tan bien vividas que parecían toda una vida, a pesar que solo fueron unos instantes. Cuando ya se les estaba agotando el tiempo ella no podía dejar de pensar en lo que vendría…

¿Cuándo volverían a verse? Luego de ese encuentro y de haber develado el misterio… la química entre ellos seguiría intacta? ¿Se enfriaría la relación? Era sólo una cuestión de piel o él sentía algo verdaderamente profundo por ella?

Eran demasiadas preguntas y sus besos y sus abrazos callaban la frenética marcha de su mente. Se habían entregado plenamente uno al otro, habían vivido una comunión de almas sin igual, se habían revelado cosas que nadie más las sabía.

Cuando llegó el momento de despedirse, mientras el colectivo se alejaba y él la miraba agitando su mano para saludarla amargas y enormes lágrimas rodaban por las mejillas de ella, y lo veía todo borroso, como veía la realidad y veía el futuro a partir de ese momento…

                         MARIA GABRIELA VILLADA

 

 

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