Quien sabe leer la realidad entre líneas puede observar que hay una especie de guerra no declarada y se puede evidenciar en el juego de fuerzas que se desata entre el capitalismo imperialista y sus ansias de dominación por un lado, y la centroizquierda sudamericana y sus ambiciones de integración latinoamericana por el otro.
En la edición del domingo 23 de abril de 2006,en una columna titulada “Emboscadas” el periodista Enrique Lacolla advertía: “La incipiente renovación de América Latina deberá prepararse para resistir múltiples emboscadas (...) por eso hay que tener infinito cuidado en no exacerbar los localismos (...) hay hechos más graves que dan la pauta del rumbo por el que podría empezar a moverse la contramina que las fuerzas de reacción están cavando por debajo del surco que recorren los movimientos populares ”
Y el pueblo latinoamericano es quien lleva las de perder en esta guerra encubierta, fundada en intereses económico-financieros, en la que, obviamente, quien detenta el poder es el legendario país del norte. Porque tiene el respaldo financiero y político de los organismos internacionales, (que fueron hechos a la medida de sus intereses) y tiene los “medios” necesarios.(Y cuando me refiero a “medios” hago alusión a esa teoría que sostiene que en el nuevo milenio no será necesario utilizar la fuerza para dominar un territorio, simplemente basta con manejar los medios de comunicación) y ese es uno de los lugares por donde pienso que van a empezar a moverse las fuerzas de las que habla el periodista Enrique Lacolla.
Roguemos que los mandatarios latinoamericanos se tomen su tiempo para reflexionar muy bien lo que hacen para no ser, sin quererlo, funcionales a los planes de sus adversarios, y sería muy útil atender a los consejos que supo dar el autor de Martín Fierro en boca del viejo Vizcacha cuando decía que “si entre hermanos se pelean los devoran los de ajuera”, porque estén bien seguros que ellos no van a desperdiciar la más mínima oportunidad de lograr la enemistad y desunión de los hermanos latinoamericanos porque están comenzando a vernos como una amenaza política a su proyecto hegemónico.
El viejo dicho “divide y reinarás” es uno de los principales preceptos de nuestros vecinos del gran país del norte, y no dudarán en ponerlo en práctica en este caso, y si no veamos su acercamiento a nuestro hermano país Uruguay, luego del conflicto por el tema de las papeleras.
Pero lo que los latinoamericanos tenemos que aprender de una vez por todas e que cuando ellos se acercan no es por simple solidaridad , ni para beneficiar al supuesto favorecido con su importante apoyo, sino sólo para lograr arrimar harina para su costal, es lo que hacen y lo que siempre hicieron cuando necesitaron aliados funcionales a sus propósitos.
Los países alineados con Norteamérica que tienen “relaciones carnales”, serviles a sus causas, ¿Qué ventajas tan importantes han obtenido para ellos a nivel mundial que justifique esta actitud indigna?
Ninguna, porque el gran país del norte sólo tiene aliados circunstanciales según su propia conveniencia, no hay lealtades, sólo hay intereses creados, y si no veamos el caso de Irak, que EEUU apoyó con armas, entrenamiento y tecnología mientras le era útil para mantener a raya a Irán, pero cuando necesitó asegurar sus reservas petroleras no dudó en aplastarlos olvidando sus alianzas anteriores.
Sería muy interesante y me parece que urge desplegar todas las estrategias necesarias por parte de nuestros gobiernos, para desarrollar en nuestros pueblos una conciencia de pertenencia, un mayor compromiso con la identidad latinoamericana, ya que ideológica y culturalmente siempre nos hemos sentido más identificados con lo europeo que con lo latinoamericano, quizás por la influencia de nuestros “próceres” que marcaron a fuego la europeización de nuestra cultura, por considerar que eso era “la civilización” y lo nuestro “la barbarie”.
Es imprescindible emprender desde la educación la noble tarea de rescatar las raíces que nos hermanan con nuestros vecinos para afianzar en el futuro una verdadera integración latinoamericana.
¿Será algún día posible concretar el sueño de San Martín y Bolívar de ver a una Latinoamérica unida? Esperemos que sí, y que prime la dignidad y el bienestar de todos los pueblos latinoamericanos sobre los intereses políticos y económicos de cada uno de los estados que la componen.
María Gabriela Villada
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